viernes, 14 de junio de 2013

Reseña: Generación E.G.B. de Javi Nieves


Título: Generación E.G.B. 
Autor: Javi Nieves 
Nº de Páginas: 208 
Año de edición: 2013 
Editorial: Espasa 
ISBN: 9788467018851 

Sinopsis de la editorial: Basado en la sección del mismo nombre del programa La Mañana de la COPE, Generación EGB es un guiño nostálgico a aquellos años. Con un toque de humor e ironía, recordamos los juguetes con los que jugábamos, las series de TV que nos entretenían, la música que escuchábamos, la ropa que vestíamos, las chuches, los libros, etc. En la actualidad todo lo que tiene que ver con la nostalgia de los 70/80 funciona. Tiendas, revistas y páginas webs arrasan con propuestas parecidas

Buenos días, Javi Nieves:

Yo nací en 1974, 2 años después de ser aprobada la Educación General Básica (E.G.B.) que pretendía acabar con el analfabetismo en España. El curso 80-81 empezaría el primer curso en un colegio de monjas, donde sólo eramos niñas (todavía quedaban resquicios del Antiguo Régimen) y había que llamar uniforme.

Aprendí a leer con el método fotosilábico (todavía si pienso en la la letra I, me viene a la cabeza una Iglesia) y uno de mis libros de lectura se llamaba Los caramelos mágicos donde unos niños al tomarlos, entraban en una especie de éxtasis que les trasportaba a vivir un cuento (ya ves, todo estaba permitido. Menudo puro que le caería ahora a esa editorial).

En matemáticas aprendía lo de los conjuntos y subconjuntos, en sociales los límites de España y me cagué en la Perestroika cuando vimos con pudor que la URSS se fragmentaba en decenas de países que ahora se votan entre ellos en Eurovisión (se podían haber quedado como estaban, la verdad).

A mí lo que me gustaba eran esos 3 mapas donde venían los ríos, las montañas y las provincias de España, respectivamente. Mi preferido era el último, ya que eso de las montañas no me acaba de entrar.


Todavía los profesores te podían soltar una hostia y en concreto yo tuve una que era mejor no sentarse en primera fila... la muy “jodía” te traía frita a manotazos con el anillo que llevaba en el dedo. Hoy en día abren el telediario desde ese colegio.

Pero también había tiempo para el recreo. Para comer llevaba un phoskito o un pantera rosa para después quedarme con la pegatina. Nadie nos hablaba del colesterol ni de las grasas instauradas. Pero mi preferido era el Mi merienda de Bimbo con un bollo y una chocolatina de Nestlé. Más tarde salió el Bollycaco de Panrico donde el bollo estaba relleno de chocolate. Triunfó, sin duda.

En esa media hora jugaba a las mamás, a la goma, la comba o al béisbol con una pelota hecha con los papeles de plata del bocadillo. Y, por supuesto, a Verano Azul, donde me tocó ser Pancho, ya que Javi y Bea te los quitaban rápido. Por cierto, nunca recordaré quién sería Quique. Supongo que alguna de clase, de esas que poco destacan.

 No, no tuve una BH, que la mía fue Orbea. Y lo de silbar la melodía sí lo hacía.

La tele era nuestra la mayor parte del tiempo (¡y con sólo 2 cadenas!) y Verano Azul tocaba los sábados por la tarde. Con Bea aprendí que un día se deja de ser niña y tus amigos te dedican una poesía y todo (menos mal que no fue así, menudo trauma...).


El resto de la semana, al llegar a casa encendía el televisor, ya que toda la tarde era en horario infantil (y no lo de ahora). Mientras tomaba el bocadillo de Nocilla (con aquel vaso que luego nuestras madres fregaban para ser utilizado) veía a Mª Luisa Seco con un pequeño espacio que daba lugar a programas como La Cometa Blanca o Barrio Sésamo. Siempre quise vivir ahí, con esos niños tan simpáticos y ese erizo rosa que iba desnudo por el día y se ponía pijama por la noche. Hace unos años lo escuché por la radio y no veas la lloriquea que pillamos unos cuantos...



Durante muchos años corrió la leyenda urbana de que uno de los niños de  la Nocilla era Quique de Verano Azul. Os dejo esta foto que encontré, con photoshop y todo.

Luego ponían El Kiosko, con una pelirroja llamada Verónica Mengod y Pepe Soplillo donde se hacían vídeos infantiles. También , 3 2, 1... Contacto, que era para los más mayores, pero que también lo veía. Era interesante ver los experimentos químicos que realizaban.

El sábado por la mañana madrugaba para ver Sabadada con el entrañable Torrebruno y sus peleas entre “tigres, tigres, leones, leones, todos quieren ser los campeones”. Salía un dibujante llamado Juan Ramón Sánchez, quera capaz de contar una historia mientras te hacía un dibujo con un rotulador. Luego vino La Bola de Cristal y no paraba de decir aquello de “me importa un watio” o “que te fundas”. Lo presentaba Alaska y es de suponer que Mario Vaquerizo no se lo perdiera tampoco. La cuarta parte era la más entretenida, al rescatar series antiguas como La pandilla (el mejor era Alfalfa) y por supuesto, La familia Monster, donde la guapa de la serie era la rara de la familia.

Y, por supuesto, no faltaban los dibujos animados. Todos los sábados y domingos después de comer, teníamos al Inspector Gadget, El Cid, Ulises 31 o David, el Gnomo. Esta vez no nos avisaron del final y sé de más de uno que se tuvo que ir al baño para que nos vieran llorar nuestros hermanos pequeños. Eso de convertirse en árbol no estaba previsto e hizo que respestasemos la naturaleza, ya que quizá en algún árbol estuviera el simpático Gnomo o su mujer (con la que se daba besos con la nariz). Quizá estuviera todavía cerca la censura de los besos en las películas, de hecho quién no recuerda los rombos para calificar las películas. Un rombo era que la película era para mayores de 14 años, así que no muy fuerte. Lo malo era cuando salían los 2 rombos... ¡mayor de 18 años! Y qué cosas, era cuando te entraban más ganas de ver la tele y tus padres te mandaban para la cama. Así que cuando empezaba una peli, tapábamos la esquina de la pantilla donde salían los dichosos rombos por si acaso...


También veía los dibujos que ponían entre horas (supongo que para rellenar espacios donde no había programación). Me encantaba aquel gato que decía “malditos roedores” con acento andaluz. Sin olvidar, al risitas o aquel pulpo que decía “mamá pulpa”.

Los domingos por las tardes echaban Candy,Candy, que se puede decir que fue la precesora de los culebrones mexicanos de los que luego hablaré. Una niña huérfana que es encontrada junto con su gran amiga Annie con la que pasa su infancia en un orfanato hasta que es adoptada. A la pobre le salía todo mal y el día que muere, Anthony, su amor, fue peor que la muerte de Chanquete, Al fin y al cabo, ya era un hombre algo mayor, pero Anthony, tan joven...


Eso sí, mi preferido fue Naranjito, que fue la mascota del Mundial 82 que se celebró en España. Hubo hasta unos dibujos animados llamados Fútbol en Acción. De ese mundial nos quedamos con la mascota, ya que de nuestra selección, mejor no hablar. Se olvidaron jugar al fútbol, evidentemente. Y mira qué eran buenos: Juanito, Santillana, Arconada, Quini...

Todos ellos formaban parte de los cromos que coleccionaban los chicos de la época, pero yo como soy mujer, coleccionaba otros cromos. Empecé muchas colecciones, pero acabar, acabar, acabé pocas. Lo mejor era una colección que hiciesen muchos niños para poder cambiar cromos con aquello del “sile, sile, nole, nole...” (que en mi barrio hacíamos leísmos). Recuerdo que metía el taco de cromos en un papel que era la lista de los números de la colección, que iba tachando según tenía y cuando veía a alguien que la hiciera, le pedía si quería cambiar cromos. También alguna vez subía a casa de alguna vecina con mi madre, que lo disfrutaba tanto como yo o más. Así, pude acabar la de Festival de dibujos animados o Días Felices. Pero lo que más ilusión me hizo fue la de Candy, Candy. El día que la acabé fue uno de los más felices de mi vida. En cambio, me dio mucha pena no seguir con “Mis casitas” donde coleccionabas casas y trajes regionales de todo el mundo. No fue de las más populares. Mi hermano hizo la de la pandilla basura, que tuvieron que prohibir por irreverente. Si alguien tiene algún cromo que no lo tire, que estará más cotizado que la Mona Lisa
  
 Este álbum lo tenía en casa y me dió mucha pena no poder acabar la colección.

 Algunos cromos de La pandilla basura. Tenían gracia, pero aquello era demasiado.

También coleccioné las que daban con los yogures Danone, que eran cromos adhesivos, que no había que utilizar el pegamento Imedio y era mejor. Hice la de Willy Fog y la de David, el Gnomo, que recuerde.

Pero cambiar cromos no era lo único que hacía interactuar con los otros niños. También jugaba en la calle a infinidad de juegos “hasta que se encienda el farol”, que me decía mi madre. El juego más popular entre las niñas fue, sin duda, la goma. Era negra y la comprábamos en la mercería y luego jugábamos de miles de maneras. Había muchas modalidades de juegos:

  • Por la manera de colocarla: cruzada o sin cruzar

  • Por el número de chicas que tenían que sujetar la goma (sin duda, la parte peor del juego): podían ser 2 ó 3.

  • Por el tipo de juego: con canciones, pisar la goma o, simplemente, saltar.

Saltar la goma en mi barrio se llamaban “las alturitas” y al llegar a las nubes muchas tratábamos de emular a Nadia Comanecci haciendo la rueda lateral sin tocar la goma. Las goma empezaba en el suelo y acababa encima de la cabeza.
También existía la opción de sujetar la goma entre 2 árboles, 2 faroles o lo que fuera y así todas disfrutabamos. Y, por supuesto, si jugabas sola, no quedaba más remedio.

También jugaba a la cuerda y prefería la comba a la barca. Y cuando tocaba piscina o playa, me encantaba echar una partida a las cartas de las familias.

Pero sigo con la tele... Cuando acababa nuestra programación, veía también los programas “de mayores” con aquellas series como Dallas con J.R. que era el malo que mejor caía. Otra que me marcó fue Norte y Sur y ni de lejos pensaba que el del sur además iba a ser el bailarín de una peli musical que marcaría mi época: Dirty Dancing. Se convirtió en el Grease de finales de los 80 y siempre caía el baile en la fiesta de despedida del instituto. Eso sí, como Grease nada, que uno de mis primeros recuerdos de mi infancia era el de unas chicas que bailaban a toda pastilla la canción de “You are the one that I want".
A mí me gustaba más el el norte, que no recuerdo ni su nombre. No tuvo éxito en el cine como el otro. 

Y ya que hablo de música, para programas no infantiles, los musicales en los que también salían grupos de niños de la época. El mejor era Parchís, sin duda,  y el día que una chica de mi clase me dijo que Tino había dejado embarazada a una chica, sentí que se acababa mi infancia. Tampoco estaban mal los Regaliz y su “vaya mentira” y, por supuesto, Enrique y Ana y su disco filipino (que les clavaron un dineral a mis padres cuando compraron el juguete a la salida del cine). Todos hacían película, incluida Chispita, aquella Marisol de los 80 que parece ser que ahora es cajera de un supermercado. Salía con Piraña y Tito, los enanos de Verano Azul.


Los programas musicales eran Aplauso y Tocata, presentado por José Antonio Abellán. Todavía recuerdo un especial de navidad el día de mi cumple con actuaciones especiales, como la de “David, Rafa, Javi y Dani... ¡Hombres G! Eran mi favoritos, sin duda. También estaban Mecano, Duncan Dhu, Modestia Aparte o Los Inhumanos con su Simca 1000 sexual. Del extranjero, fueron inolvidables Bon Jovi y Europe, que para ser heavys sonaban hasta poperos y gustaban a todo el mundo. Y hasta salían en el Súper Pop...

....esa revista que regalaba carpetas y bolsas para los libros y en las que venían historias de amor, trucos de belleza, tests a nuestros ídolos y por supuesto, el horóscopo. Y como no,  los posters que luego colgaba en mi habitación para desesperación de mi madre. También estaba el Vale, que era un Súper Pop “low cost”, sin regalos y más pequeñas. Nunca olvidaré esas historias de amor, que en una época era lo único que leía, que no fueran los apuntes del instituto.

Ya vistéis que salía todo "quisqui", hasta los de Verano Ázul.

Pero no sólo salían cantantes, sino actores como el “eternamentejoven” Michael J. Fox, que su Regreso al futuro se convirtió en una de mis pelis de mi infancia. Pero, la mejor para mi, fueron Los Goonies, sin duda. A partir de entonces, siempre tenía la esperanza de que el guapo de la pandilla me besara en toda la boca... Y, por supuesto, vi E.T., que si no viste esta peli, no eres de esta Generación. Nunca un personaje con sólo 3 frases, tuvo tanto éxito.

Otra revista que compraba era el Tele-Indiscreta y llenaba la carpeta con las pegatinas y pósters de V, esa serie de lagartos que invadían la tierra y que hizo que no me rascase la cara con mucha frecuencia...

Eso sí, si algo me identifica con esta ya mítica generación es, sin duda, la cinta. Siempre tenía decenas de cintas vírgenes para grabar temazos de Los 40 principales o me grabara un L.P alguna de clase (¿Quién hablaba antes de piratería?). Siempre fui más de canciones que de cantantes, así que me encantaba grabar de la radio. ¡Cuántas veces no salía el locutor hablando mientras le daba al Rec y luego me estropeaba la canción! Menos mal, que todas las navidades salían los Boom, con todos los éxitos del año. Recuerdo que tuve el del 87, que si la conservase, la podría poner a todas horas y triunfar. Entre otras, estaba: Pacto entre caballeros de Sabina, Hijo de la luna de Mecano, Voyage, Voyage, The Communards, Pet Shop Boys...
 Esta es la foto que me hizo ganar el libro. Si eres capaz de relacionar estos 2 objetos, no te las des de tan joven..

Y hubo otra cinta que el día que entró en casa, me sentí realizada. Me refiero a la de VHS, ya que al comprar el vídeo, siempre tenía alguna metida, por si salía algo que me gustase en la tele. Y, por supuesto, los “findes” iba al vídeo-club a pillar un par de pelis para verlas tranquilamente. Mi calle estaba llena de video-clubs, ahora reciclados en tiendas de chinos. Sabías si una peli estaba teniendo éxito si estaba la cinta toda estropeada de tanto verla. Y sí, lo confieso, alguna vez la devolví sin rebobinar.


Y volviendo al colegio, mi actividad extraescolar fue el baloncesto, pero lo dejé porque el estirón se quedó corto. No hice caso a mi madre en la mecanografía y luego me tocó un curso acelerado cuando llegó el ordenador. Un día que me gustaba mucho era el primero de la vuelta de las vacaciones de navidad. Ese día podíamos traer un juguete que te habían traído los Reyes: aparecían Nancys, Barriguitas, Pin y Pon, Barbies, Nenucos... A parte de juguetes también me regalaban libros de la colección Barco de Vapor o tebeos de Zipi y Zape. Por supuesto, que mi primera colonia fue Chispas y sintiéndolo mucho, el Spectrum nunca llegó a mi casa. Fue el MS-DOS, el primer ordenador, pero no lo toqué hasta que llegó el Windows. Eso sí, siempre se me olvidaba poner en el curriculum el curso de Basic que hice en un campamento al que fui cuando era pequeña.
Estos libros te enseñaban a ser detectives o espías. Compré el primero por casualidad y empezó a arrasar en mi barrio. Eran muy entretenidos.

En clase de gimnasia hacíamos una tabla con la canción Material Girl de Madonna, que nunca faltaba en las fiestas de mi colegio. Tampoco faltaba el Thriller de Michael Jackson, el vídeo que hizo cambiar la década de los 80.


Pero nada era comparable con el viernes. Ese día, a parte de los manuales que teníamos por la tarde, era el día del... ¡¡¡¡UN, DOS, TRES...!!!! El lunes no parábamos de hablar de Bigote, Charito Muchamarcha o Beatriz Carvajal. “Y hasta aquí puedo leer” o “han sido 20 respuestas acertadas a 25 ptas. cada una...” serán frases para toda la vida.

Había que comer rápido, ya que empezaban series como El coche fantástico. También estuvo El halcón callejero, con una moto fantástica en vez de un coche. Duró poco, pero todo el mundo la recuerda. Pero lo mejor fue cuando llegó Cristal... Se paraba el país y siempre digo que es cuando empezaron las peluquerías a tener televisión (ya que nadie iba a esa hora). Fue el primer culebrón sudamericano y que yo recuerde no vi ninguno más (ese acento tan meloso me adormecía a la hora de la siesta). Antes de Cristal, estuvo Los ricos también lloran con Verónica Castro como protagonista (sí, la madre de Christian Castro, quien hizo traumatizar a Bustamente con sus lecciones de ayuno).




Porque Javi Nieves, todavía cuando veo a un tío bueno digo lo de “demasiao para mi body” y me pregunto si todavía hay quien tienen el apartamento de Torrevieja (Alicante). Si algo sale mal, me sale lo de “La cagaste Burt Lancanster”. Cada vez que compro una nube, me dan ganas de quemarla con el mechero. Yo también tuve mi momento heavy (que sólo duro un día, pero algo es algo). Las cintas de D. Algodón eran mi colgante preferido y en mis pantalones no faltaban mis chapitas “acid”. Espero que no vuelvan las hombreras y procuro no enseñar la foto que hice en un fotomatón para el libro de la E.G.B. Porque una es de la E.G.B y sólo me queda decir ¡Cómo están Ustedes! Que se me olvidaban Los payasos, que más de una vez me perdía ya que me coincidía con el día que preparaba la comunión (y no, no me regalaron un Casio, sino un Radiant).


P.D.: Dedicado a la que fue, sin duda, la voz de todo una generación. Que dijo aquello de “Yo soy tu padre"  o “Sayonara, Baby”. Que presentaba uno de los mejores concursos de la TV: El tiempo es oro. Que presentó los JJOO de Barcelona. Y del que se decía que era la voz de Dios. Constantino Romero, va por ti.


Recomiendo el libro si...

...tu primer TV fue en blanco y negro

...llamabas UHF al segundo canal

...jugabas al cubo de Rubik (otra cosa era si te saliera o no). A mí nunca me salió, lo confieso.

...como David Summers, nunca te perdías El Libro Gordo de Petete

...todavía echas de menos las nocheviejas de Martes y 13

...relacionas Móstoles con una empanadilla

…tu primer vídeo juego fue una maquinita de una pantalla

...quedabas con la pandilla sin necesidad de móvil ni redes sociales (en mi caso ni telefonillo tenía).

...tenías que guardar 2 horas de digestión para poderte bañar.

...viajabas en coche con la baca arriba llena de bártulos

...los viajes eran sin cinturón de seguridad y por carreteras secundarias.

...te caías al suelo y si te hacías una herida te echaban mercromina

...piensas que Joaquín Sabina debería incluir en sus conciertos la canción de con las Manos en masa

...dices rebobinar cuando quieres volver a ver algo en un DVD

...tu corrector de texto era un tipex

…te sentiste el líder de la pandilla cuando dijiste lo de “por mí y por todos mis compañeros y por mí el primero”.

…piensas que, como decían los padres: “cualquier tiempo pasado nos parece mejor”.

...crees que no hay nostalgias como las de antes.








9 comentarios:

  1. Tiene que ser muy divertido auqnue yo invierto poco en este tipo de libros.

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  2. LO quieroooo!
    Qué recuerdos!!!
    Además ayer rescaté del desván de mi madre todas mis revistas de jana y mi colección de tintín,.,..y los pienso releer jeje
    Un beso!

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  3. Ays, pero cuántos recuerdos! Si sólo te llevo un añito! Si he visto toda mi infancia pasar por delante de mis ojos. Y también me he acordado dle sufrimiento que hacía pasar a toda mi familia los domingos con Candy, Candy. Que también era la época en que sólo teníamos una televisión en casa. Así que todo el mundo a ver lo mismo. Qué ganas le tengo a este libro!
    Besotes!!!

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  4. Yo soy un poco más mayor, pero algunos recuerdos son comunes, que tiempos. Estaba pensando en los programas con dos rombos, hoy en día en la mayoría de los casos serían para todos los públicos. Besos.

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  5. Qué de recuerdos en tan poquito espacio!! =)
    Me encantó el libro, relectura fija =)

    Besotes

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  6. Me ha encantado esta entrada!!! yo soy un poco mas joven pero con cada una de las cosas que has dicho me ha hecho recordar y sonreír!!
    Pues no conocía este libro y este si que cae fijo!!
    Besotes!!

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  7. Lo quiero jejejeje además se hace una viejo al reconocer tantas fotos jajajajaja ,uy buena la entrada, no buena no genial

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  8. Este libro no lo conocía, pero también tiene que ser estupendo :) La niña de la foto jugando a la goma eres tú? Muy mona.
    Besitos.

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    1. jejeje... no soy yo. No tengo ninguna foto mía jugando a la goma. Así que tuve que tirar del google.

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